España afronta su primera final

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España afronta su primera final

Mensaje  maria el 25/06/10, 08:51 am

Lne.es/deportes
Chile-España

Oviedo, Nacho AZPARREN
Con algunos días de adelanto, España encara su primera final. La hoja de ruta de la selección marcaba un cómodo viaje por la fase previa como aperitivo del verdadero Mundial, el que se disputa a partir de octavos. Pero no ha sido así. El inesperado pinchazo ante Suiza a las primeras de cambio ha llevado a los de Del Bosque a contrapié hasta este momento. Ahora, sólo vale la victoria -siempre que Suiza no falle- para seguir con vida en un torneo en el que se habían puesto tantas esperanzas.

La selección llega sumida en un vivo debate que hace tiempo no se recordaba. La victoria en la pasada Eurocopa acabó de un plumazo con la búsqueda de estilo que asociar al combinado nacional. Ante el primer tropiezo, no han tardado en salir los críticos. Tampoco Del Bosque parece totalmente ajeno al debate abierto. Para el partido ante Honduras, Torres y Navas sustituyeron al renqueante Iniesta y su socio Silva. Velocidad por toque. Dinamita por pausa. El caso es que en el partido ante Suiza se echaron de menos algunas de las virtudes demostradas ante Honduras, y viceversa. La conjunción de fútbol elaborado con pegada es ahora el objetivo que persigue Del Bosque.

El seleccionador parece convencido de que el toque debe ser el medio, no el fin del fútbol de la selección, y por eso ha elaborado una alineación híbrida para el partido ante Chile. En la línea defensiva se vislumbra la primera novedad. Arbeloa podría coger el testigo de Capdevila en el lateral izquierdo. Junto a él, los habituales Piqué, Puyol y Sergio Ramos, secundados por Casillas en la puerta. Tampoco habrá cambios en la zona de elaboración. Xavi y Xabi Alonso llevarán la manija con la protección de Busquets a sus espaldas. Arriba, el presumible regreso de Iniesta dotará de mayor control de balón a un equipo que presentará a dos puñales como principal arma ofensiva: Villa y Torres. La incomodidad de situar a Villa en el margen izquierdo del ataque ha pasado de problema a solución en un solo encuentro. Como falso extremo, el asturiano ha mostrado una libertad de movimientos que contrasta con la rigidez evidenciada en el primer partido del campeonato. Estas son las conclusiones que se desprenden del último ensayo que no pudo llevarse a cabo en el escenario del partido, el Loftus Versfeld de Pretoria, por el mal estado del terreno de juego.

Enfrente estará una selección que sin dar miedo, sí asusta. Un equipo en el que la figura más destacada se sienta en el banquillo. Marcelo Bielsa, obsesivo hasta hacer honor a su apodo de «Loco», prepara algunos cambios para contrarrestar el juego español. Las bajas obligadas por sanción de Carmona y Matías Fernández y la previsible de Suazo por razones tácticas supondrán alguna variación en el esquema chileno, que dejará su habitual 3-4-3 por un 4-3-3. Las novedades en el once serán Mark González, Estrada y Valdivia.

Pretoria será testigo de la primera batalla decisiva de España en el presente Mundial, un torneo en el que los tropiezos se pagan muy caros. Los ejemplos de Francia e Italia son demasiado recientes como para no tenerlos presente.
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maria

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Re: España afronta su primera final

Mensaje  maria el 30/06/10, 11:30 am

Lne.es//deportes

Con Villa España puede jugarse los cuartos
Otro gol del Guaje da el pase a la Roja, que reencontró su mejor fútbol con la entrada de Llorente
Mario D. BRAÑA

Volvía a estar España metida en el atasco mundialista, incapaz de meterle mano a Portugal, por más que el partido se jugase en una sola dirección. Después de darle otra hora de gracia a Fernando Torres, Del Bosque dio un golpe de timón con Fernando Llorente. Se jugó el pellejo ahí el entrenador, pero le salió de rechupete. En tres minutos, directa o indirectamente, Llorente provocó tres oportunidades. A la tercera marcó el de siempre, Villa, un futbolista que no tiene techo. En la comparación de los dos «7» no hubo color. El Guaje estuvo metido en el partido desde el minuto 1, remató, pasó, jugó para el equipo. Cristiano Ronaldo se pasó el partido mirándose en el espejo, rajando de los compañeros y haciéndole un flaco favor a Portugal. Llegado el momento de jugarse los cuartos decidió Villa. Como siempre.

Cuántas veces se habrá encontrado la selección española en una encrucijada como la de ayer en un Mundial. Obligada por el título de hace dos años y la riada de éxitos posteriores, España intenta en cada partido estar a la altura de su prestigio. Y, por mucho que escarben en cuestiones tácticas, siempre desde la fidelidad a un estilo, algo que no depende de que Xabi Alonso arranque cinco metros arriba o abajo. La Roja busca la pelota y mira de frente a la portería contraria. A veces llega con relativa facilidad y no emboca (Suiza). En otras ocasiones se atasca y marca a la primera (Honduras). En cualquier caso, en las buenas y en las malas, nunca está de sobra un delantero con el gol en la sangre.

Ahora España lo tiene y se llama, por si quedaba alguna duda, David Villa. Tal como ha transcurrido el Mundial sería una utopía imaginarse a la selección en cuartos sin el Guaje de por medio. Porque, además, ninguno de sus goles en Sudáfrica ha sido a título de inventario. Descorchó la presión frente a Honduras y dobló la apuesta por aquello del «goal average». Se inventó un remate de la nada frente a Suiza, cuando la Roja empezaba a desteñirse. Y ayer cerró otro momento de duda con un doble remate que puso a Portugal donde se merece. En la calle.

Porque la selección de Queiroz, pese al retoque para que Cristiano Ronaldo no se sintiese como un náufrago, fue un equipo miserable. El entrenador que Florentino Pérez eligió para introducir la modernidad en el Madrid ha metido a Portugal en las catacumbas. Como está sobrado de centrales añade a los dos de oficio (Carvalho y Bruno Alves) uno en el lateral derecho (Ricardo Costa) y otro en el mediocentro (Pepe). Dado que Tiago y Meireles no son precisamente unos estilistas, el plan de ataque era tan sencillo como poco audaz: balón largo para la carrera de Cristiano Ronaldo o para el corpachón de Almeida.

Durante una hora Queiroz debió de sentirse feliz. Había logrado su objetivo de que no pasase nada. Porque el arreón inicial de España duró cinco minutos y fue más un ejercicio de fe de Fernando Torres y de Villa, que probaron por tres veces la fiabilidad de Eduardo. En cuanto la tropa de defensas portugueses ajustó los mecanismos y midió los tobillos de los rivales, el juego de la selección se atascó. Volvió ese fútbol de posesión para nada, la monotonía que acaba durmiendo hasta al apuntador.

Mediado el primer tiempo el partido estaba donde le interesaba a Portugal. La peregrinación de Iniesta por todo el frente de ataque no daba resultado, porque Fernando Torres volvió a su peor versión y Villa estaba aislado en la izquierda. Desaparecido Cristiano Ronaldo, Portugal se encomendó a Fabio Coentrão, que se autodefine como el mejor lateral izquierdo del mundo. En la primera parte lo pareció. No sólo tapó su banda con suficiencia, sino que fue el mejor atacante de su equipo. Por no decir el único.

De un eslalon de Coentrão nació el primer susto para la selección española. Mientras todo el mundo estaba pendiente de los movimientos de Ronaldo y, en menor medida, de Almeida y Simão, el lateral atravesó las líneas en diagonal para dejarle un remate franco a Tiago. El centrocampista remató centrado, pero muy duro, y dobló las manos a Casillas, que reaccionó a tiempo para evitar el cabezazo de Almeida.

Esa jugada acrecentó la crisis de identidad de España. Quería seguir con el mando del partido, pero no sabía muy bien cómo y, además, tenía un problema que arrancaba desde la izquierda. Hasta el descanso la selección española no volvió a coger el hilo del partido, pero al menos, como ocurrió contra Chile, aguantó en defensa, y Portugal no tuvo más remedio que encomendarse a las faltas kilométricas de Cristiano Ronaldo, que no se cansa de jugar a la lotería.

El arranque del segundo tiempo acrecentó la preocupación española, porque Almeida fue capaz de sacar de sitio a Piqué y enviar un pase a Ronaldo que el apurado despeje de Puyol estuvo a punto de convertir en un autogol. A esas alturas (minuto 51) ya se barruntaban movimientos en el banquillo español, pero cuando todo el mundo apostaba por Cesc, Navas, Silva, Mata o Pedro, Del Bosque dio carrete a Fernando Llorente. Se fue Torres, y los más críticos con el seleccionador afilaron sus armas. Al instante tuvieron que envainárselas, porque el delantero del Athletic cambió el partido. Y no sólo por su reconocida capacidad para el juego aéreo. Llorente rompió a Portugal.

De repente, a Carvalho y Alves se les acabó la tranquilidad. Tenían en frente a un chicarrón capaz de discutirles los balones altos y de escondérselo cuando recibía de espaldas a la portería. Villa, al que no se le escapa una, entendió que era el momento de sacar provecho del nuevo escenario. Avisó con un remate que se perdió junto al poste y dos minutos después culminó una jugada en la que Llorente sirvió de pivote antes de que Iniesta y Xavi sacasen el conejo de la chistera y de que Villa rompiese, por fin, la obstinada resistencia de Eduardo.

Marcó España y se hizo la luz. De repente, volvió el rondo, entendido como el movimiento colectivo del balón con velocidad y sentido. Las botas de los portugueses ya no llegaban ni para golpear, y la selección, ahora sí, disfrutó e hizo disfrutar. Eduardo evitó la sentencia, pero ningún compañero fue capaz de seguirle. Ni siquiera Ronaldo, que pasó por el Mundial de puntillas.
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